lunes, 7 de abril de 2014

Historia del Perfume: de Egipto a Grecia

Para conocer los inicios de la aromaterapia hay que irse hasta la prehistoria. Los primeros habitantes de la Tierra calcinaban herbajes y troncos para intensificar el fuego, haciéndolo desprender fragancias atrayentes. Estos lo hacían para agasajar con humo (per fumum) a sus dioses en los rituales.



La fabricación de perfumes para uso humano empezó con los egipcios, los primeros perfumistas artesanales, y que extrajeron aromas naturales de todo tipo. Los egipcios catalogaron flores y hierbas en diferentes grupos como referencia su naturaleza. Los aceites y las esencias balsámicas, los ungüentos de perfumes intensos y las resinas diluidas en vino y otros alcoholes eran los más usados en medicina, en la cosmética y para embalsamar a los muertos. Algunos aromas homenajeaban a ciertas divinidades: el Sol se homenajeaba por ejemplo con incienso, y la Luna con mirra. Para momificar se utilizaba las maderas de cedro.

De Egipto pasamos a Grecia donde en los gimnasios griegos había un sector para el aseo personal, y allí se podían encontrar infinidad de productos fragantes de diferentes formas y colores: talcos que aplicaban en su piel, aceites, resinas mezcladas. Incluso fueron los primeros en comercializar estas sustancias en los mercados, naturalmente, entre un público muy seleccionado. Los griegos, que consideraban el perfume como un don de Venus, usaban un aroma diferente para cada parte del cuerpo: menta para los brazos, mejorana para los cabellos, aceite de palma para el pecho, tomillo para las rodillas y aceite de orégano para las piernas y los pies, entre otros. La perfumería también se encuentra desde la antigüedad asociada a la ciencia médica. En Grecia, Hipócrates, padre de la medicina, utilizaba pequeños concentrados de perfume para combatir ciertas enfermedades.

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